Salir por la puerta grande: qué significa y cómo irte bien de un trabajo
Por Leo Piccioli ·
"Salir por la puerta grande" es irse de un lugar dejándolo mejor de lo que estaba, con la gente de tu lado y con el próximo paso ya construido. En el trabajo es una habilidad, no un gesto ni un favor que te hacen: vas a cambiar de empleo muchas veces en tu vida, y cada salida define cómo te recuerdan, qué referencias dan de vos y qué puertas se abren después. Cada salida habla más de tu marca personal que lo que puedas decir.
¿Cómo consigo más dinero? ¿Un ascenso por el amor de dios? ¡Quiero ese empleo! ¡Voy a fundar una empresa!
Todos se enfocan en cómo llegar y alcanzar un resultado, pero pocos piensan en cómo irse y dejar atrás lo alcanzado. Muchas veces, es lo más importante.
Por qué cuesta irse
Te va bien. Pero ya no tanto como antes…
¿Tu crecimiento? No sé, hablemos el trimestre que viene. ¿Home office? Para la próxima pandemia. ¿Tu sueldo? No hay presupuesto. ¿El sueño de expandir la empresa? Vamos viendo.
Quizás es porque fuiste genial en tu trabajo: implementaste todo lo que podías, la empresa creció hasta donde era posible (o quiso) y, ahora, solo queda hacer la plancha. Echarte a flotar.
Pero sos protagonista, querés el control de tu vida. Y sabés que eso no te conviene. Aunque sea cómodo.
Cuanto más tiempo en un mismo puesto, más difícil irse.
Imagino que evaluaste tus 3D (dinero, desarrollo y diversión) y ya le sacaste el máximo jugo a donde estás.
Tenés, como siempre, dos caminos: ser tu propio CEO en donde estás, o serlo en un lugar nuevo.
Ese era yo el 30 de septiembre de 2016, 18 años después de estar en la misma compañía.
Había entendido la fórmula del cambio: C = V × P × I.
C = V × P × I: el cambio es el producto de una Visión (qué queremos), un Proceso (cómo llegaremos) y suficiente Insatisfacción para empezar.
Adivine el lector entonces por qué la gente no cambia.
Exacto, esa insatisfacción puede ser externa (exigencias de un jefe o incluso un despido) o interna (nuestra propia motivación, entusiasmo, incomodidad).
Y adivine el lector cuál es más sana…
Desarrollemos nuestra insatisfacción interna para evitar la externa.
Las decisiones que tomé en aquella época, a veces en contra de lo que opinaban personas cercanas, me permitieron hacer lugar (en mi agenda y en mi cabeza) para crear algo nuevo, desde la seguridad de haberme ido de una manera constructiva.
Las 3 claves para irte por la puerta grande
Bien, ya generamos esa insatisfacción interna luego de haber llegado. ¿Cuáles son las tres claves para irnos por la puerta grande?
1. Agrandar la puerta
Ese portazo… no nos sirve a nosotros ni a los demás. La gente ve de afuera un portazo, algo súbito, un golpe de suerte. ¡Pero hasta la mayoría de la gente que gana la lotería juega constantemente! Es un trabajo de largo plazo. Lo mismo con los cambios de puestos, los unicornios; son todas construcciones.
Sobreestimamos nuestro potencial a corto plazo; eso nos frustra y nos lleva a subestimar nuestro potencial a largo plazo, donde realmente brillamos.
Agrandar la puerta es mirar para adelante, el futuro. En vez de portazo, veámoslo como una construcción. Avisar internamente es clave, lo mismo construir —con paciencia y disciplina— el siguiente paso.
Siempre estamos construyendo nuestra salida y nuestro próximo paso.
2. Ordenar la habitación
¿Cómo serás recordado? ¿Qué referencias darán? ¿Trabajarán con vos si los invitás en el futuro? Marca personal es lo que dicen de ti cuando no estás en la sala. Esa marca personal es la que te podrá abrir puertas, o cerrarlas. Es incluso la que hará que te tengan presente cuando necesiten a alguien como vos. Y podemos tomar el control de esa marca personal, dejando la empresa ordenada, avisando con tiempo para hacer una transición sana, pensando siempre en nuestra prescindibilidad. ¿Estás controlando tu legado? Es una oportunidad que no debemos desperdiciar.
Debemos dejar a la organización mejor que cuando llegamos.
3. Lubricar las bisagras
Si hiciéramos lo que nuestro jefe quiere, seguramente nos quedaríamos de por vida. Si solo nos importara lo que nosotros queremos, ya habríamos salido. Es una negociación, y esta puerta que se abre necesita que se lubriquen sus bisagras. Conversaciones profundas con tu jefe pueden ayudarte. En mi experiencia, la clave es preguntarle lo que te gustaría que te pregunten: "¿Cómo te vas a ir de la empresa?", "¿Dónde te ves en cinco años?", incluso un absurdo "¿Te gustaría ganar más?", son geniales disparadores para trabajar esa negociación (que puede incluir plazos, transiciones, consultoría, acuerdos como confidencialidad, no competencia, non-solicitation, etc.) y, al mismo tiempo, fortalecer la comunicación, ordenar la habitación y agrandar la puerta.
En mi opinión las empresas deberían pagarte para que te vayas. Sería bien sano.

En resumen, mirando para atrás tenemos que ordenar la habitación. Enfocándonos en el presente, aceitar las bisagras para maximizar los resultados para todos. Y mirando para adelante, agrandar esa puerta para que pase una persona que está en constante crecimiento.
Por qué vas a necesitar esto más de una vez
No olvidemos que estamos en la intersección entre lo que fuimos y lo que seremos.
En otras palabras, a medida que nuestra expectativa de vida se prolonga y las empresas nos necesitan más humanos (menos repetitivos) es más probable que cambiemos de trabajo.
No una. No dos. No tres. Muchas más veces.
Aprender a salir de un lugar constructivamente es una de las habilidades en donde más podemos ganar.
Y, en consecuencia…
Si todos dejamos nuestros puestos mejor de lo que los encontramos, el mundo será automáticamente mejor.
"Pero Leo, yo soy independiente"… Un cliente es como un jefe, y a veces hay que dejarlos atrás.
Si todavía estás decidiendo, empezá por acá: ¿Me voy o me quedo?